¿Cuántas personas autistas hay realmente? Una mirada clara y crítica a las cifras sobre autismo

Cuando escuchamos frases como “el autismo está aumentando” o “1 de cada 36 personas es autista”, es comprensible que surjan inquietudes. Los números pueden generar confusión si no se explican con contexto, y a veces incluso miedo.

Este espacio busca algo distinto: poner las cifras en su lugar, explicarlas de forma clara y acompañarte a comprender qué nos dicen… y qué no.


El autismo: una condición diversa

El autismo es una condición del neurodesarrollo, no una enfermedad.

Hablamos de espectro porque no existe una sola forma de ser autista. Cada persona presenta características, fortalezas y necesidades propias.

Las diferencias pueden observarse en la comunicación, la interacción social, el procesamiento sensorial o la forma de aprender, y no se expresan igual en todas las personas ni en todas las etapas de la vida.


¿Qué significa “prevalencia”?

En términos simples, la prevalencia nos dice cuántas personas, dentro de una población, tienen una determinada condición en un momento específico o durante un periodo de tiempo.

No es lo mismo que incidencia (casos nuevos).

Y algo muy importante: la prevalencia siempre es una estimación, no un conteo exacto.

Estas estimaciones cambian según:

  • El país
  • El acceso a salud y educación
  • Los criterios diagnósticos utilizados
  • Las herramientas disponibles
  • El momento histórico en que se realizó el estudio

¿De dónde sale el famoso “1 de cada 100”?

La Organización Mundial de la Salud señala que aproximadamente 1 de cada 100 niños es autista, basándose en grandes revisiones internacionales.

En Estados Unidos, el CDC reportó que 1 de cada 36 niños de 8 años tenía un diagnóstico de autismo en 2020. Sin embargo, los mismos investigadores aclaran que estos datos no pueden generalizarse automáticamente a otros países. Los números ayudan, pero no cuentan toda la historia.


¿Por qué las cifras varían tanto entre países?

Porque no todos los países miden lo mismo ni tienen las mismas condiciones para hacerlo.

La mayoría de estudios provienen de países con:

  • Mayor acceso a diagnóstico
  • Sistemas de salud y educación más robustos
  • Registro sistemático de datos

En muchas regiones del mundo, especialmente en países de ingresos medios y bajos, las personas autistas existen, pero no siempre son diagnosticadas ni registradas.

Por eso, cifras más bajas no significan menor frecuencia, sino menor detección.


¿Y qué pasa en Ecuador?

En Ecuador, los estudios poblacionales son escasos. Algunos trabajos realizados muestran cifras bajas, pero reconocen importantes limitaciones, como:

  • Acceso limitado a servicios especializados
  • Falta de conciencia social
  • Muestras reducidas a ciertas ciudades

Otros datos oficiales muestran cifras distintas según la edad. Esto nos recuerda algo fundamental: las cifras dependen de cómo, dónde y a quién se observa.


Edad y género: lo que muchas veces no se ve

La mayoría de diagnósticos se realizan en edad escolar, cuando las demandas del entorno hacen más visibles ciertas diferencias.

Durante años se habló de una proporción mucho mayor en niños que en niñas. Hoy sabemos que:

  • Muchas niñas autistas fueron y siguen siendo subdiagnosticadas
  • El camuflaje, el buen lenguaje aparente y los estereotipos de género influyen
  • Esto ha retrasado el acceso a apoyos oportunos para muchas de ellas

No es que haya menos niñas autistas. Es que durante mucho tiempo no supimos cómo mirarlas.


¿Qué significa que “la prevalencia aumente”?

Un aumento en las cifras no implica necesariamente que haya más autismo.

Con mayor probabilidad refleja:

  • Mayor conciencia
  • Mejores criterios diagnósticos
  • Más acceso a evaluación
  • Una mirada más amplia del espectro

Por eso, muchos expertos señalan que no estamos ante una epidemia de autismo, sino ante una acumulación de necesidades que antes no se reconocían.


Leer los datos con mirada crítica

Todos los estudios tienen limitaciones:

  • Diferencias metodológicas
  • Barreras idiomáticas (la mayoría se publica en inglés)
  • Subregistro en personas adultas
  • Falta de representación de muchas regiones del mundo

Por eso, las cifras no deben usarse para generar alarma, sino como una herramienta para:

  • Planificar apoyos
  • Mejorar políticas públicas
  • Garantizar derechos
  • Promover inclusión real

Hoy podemos decir, con cautela, que al menos 1 de cada 100 personas es autista. Pero más importante que el número es lo que hacemos con esa información.

Más detección debería traducirse en:

  • Más acompañamiento
  • Más ajustes razonables
  • Más escucha
  • Más respeto por la diversidad

Porque detrás de cada cifra hay personas, historias y trayectorias únicas que merecen ser acompañadas con ciencia… y con corazón.


Basado en el artículo científico:

Espina Rodas MC. Un análisis profundo a las estadísticas de prevalencia actual del autismo. Acta Psiquiátr Psicol Am Lat. 2024;70(2):92-99. Disponible en: https://ojs.acta.org.ar/index.php/actapsi/article/view/38

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